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Arteterapia: en este encuentro entre el arte y la terapia, podemos pensar en diversas formas de articulación de sus prácticas, ya sea más desde la lógica de lo artístico, ya sea más desde la lógica de lo terapéutico.
¿Qué es lo que define el abordaje en una y en otra?
1. Si pensamos en el eje del arte, lo terapéutico estará centrado en el hacer, sea éste en: (a) su proceso de producción; (b) en su resultado como objeto. Poner el énfasis en el primero, -el proceso- (a), implicará el desarrollo de la creatividad como dirección terapéutica, más allá de que ésta se objetive en una “obra”. Poner el énfasis en el producto (b) ubicará a la creación -objetiva- como protagonista, donde el intento de tramitación de lo conflictivo se da a través de la elaboración de la obra artística.
2. Si pensamos en el eje de lo terapéutico, el arte será el medio a través del cual se intentará acceder a la conflictiva, ya sea incursionando en ella (dimensión de lo problemático, los obstáculos, el encuentro con el objeto) o ampliando capacidades expresivas - creativas del paciente (dimensión de los logros, o potencias, en los encuentros subjetivos).

Ubicándonos en la relatividad de su mundo subjetivo, no podremos establecer a priori un modelo (objetivo) de cura para el paciente: requerirá nuestro hacer un trabajo sobre su vivencia subjetiva, elaborando aquellos obstáculos que le impidan acceder a su potencial expresivo - creativo. Esta elaboración de la dimensión conflictiva, metaforiza una posibilidad de transformación subjetiva en otros ámbitos del sujeto.

Se considerarán como logros del hacer arteterapéutico, en tanto el paciente pueda objetivarse, produciendo subjeti-vidad, elaborando esa dimensión conflictiva (obstáculos). Ese mismo hacer, proceso a través del arte, resulta terapéutico, produciendo resultados (-productos-, sean éstos objetos -arte-, como modificaciones en el sujeto -sensación de poder, potencia, la fuerza de la resignificación de lo conflictivo-). Es decir, los productos del proceso arteterapéutico son tanto materiales (-objetos, cosas-) como modificaciones propias percibidas por el actor de sus actitudes, emociones, haceres, ideas, etc. Todo esto le posibilita a éste una mayor libertad, un acercamien-to a sus deseos, menos inhibiciones, un permiso para  pre-guntarle a sus síntomas,  el tolerar la angustia.

Volviendo al gráfico, cada eje tiene un sentido que podemos pensar así:
- La flecha horizontal ubica un hacer cuya dirección tiene al paciente como sentido fundante, desde la subjetiva objetividad del terapeutaa la construcción objetivable de la subjetividad del paciente.
- La flecha vertical implica una dirección orientada a un hacer que a través del desarrollo de la creatividad como proceso pueda plasmarse en creaciones que como productos ubiquen recortes y plasmen objetivamente un hacer subjetivo.
- Las flechas que rodean los dos ejes indican el movimiento dialéctico entre cada uno de los términos: desde la subjetividad del paciente; hacia la creación del/los producto(s); hacia la objetividad del espacio que convoca el arteterapeuta; hacia un proceso creativo; el cual volverá sobre la subjetividad; conformándose así un proceso de tiempos, etc.

El modelo arteterapéutico propuesto implica un proceso de tránsito por las distintas dimensiones que se generan en el encuentro entre cada uno de estos espacios. Este tránsito será un proceso de tiempos vivenciados en espiral, donde se vuelve a dimensionar la magnitud de cada espacio, con una mirada diferente, esto es:
Objetivación de lo subjetivo; Producción de procesos; Subjetividad de los objetos;  Procesos de los productos.

La tarea puede pensarse en dos dimensiones: La tarea terapéutica (no-específica, no-material) y la tarea artística (la cual implica un hacer, una producción). Habrá que ver las maneras de articulacion entre ambas tareas, sus tiempos, la especificidad de sus objetos, así como sus puntos de contradicción. El encuadre implicará entender la tarea como procesos y a su vez como posibilitadora de distintas tareas. Su propósito es el acceso a una producción subjetiva, a través de un trabajo con los objetos (arte). La tarea terapéutica no-específica, contiene como estrategia principal, proponer otra tarea, la de producir espacios creativos de significación subjetiva, a partir de los diferentes objetos. Este hacer es específico, tiene procedimientos, materiales, tiempos, estructuras discursivas distintas con sus particularidades, en cada lenguaje. Todas estas variables deberán ser apropiadas, aprehendidas por el/los sujetos. Hay aquí una cierta dimensión de aprendizaje, en tanto el paciente realiza esa apropiación del objeto.

El lugar del arteterapeuta es a la vez de activo, pasivo. Activador al proponer, -poniendo una propuesta de recorrido al paciente- un tránsito que puede abrir posibles resoluciones. Pasivo en tanto las acciones serán las del paciente: el trabajo terapéutico debería partir de ellas y no del modelo que el arteterapeuta tuviere.

Si el Esquema 1 se sitúa en mayor medida desde lo terapéutico, el Esquema 2 plantea pensar el trabajo arteterapéutico desde el material artístico.

La concepción de enfermedad asociada con la rigidez, el estereotipo y la de salud con la flexibilidad, no debe pensarse como dos oposiciones definidas, sino más bien como extremos virtuales de un continuum en el cual podrá hallarse aspectos enfermos en la salud, y aspectos saludables en la enfermedad.
La particular relación del sujeto (-paciente-) con el objeto (-lenguaje del arte-) propone todo un espacio de trabajo terapéutico. En algunos casos esa relación es tan conflictiva que el sujeto necesita romper el objeto, para suponer liberarse de lo que el objeto denuncia.
El contacto con los materiales (los colores, las imágenes, los movimientos, los sonidos, las palabras, etc) no es ajeno a lo que con ellos pueda hacerse. Hay ciertas especifici-dades de cada uno de ellos que requieren de su uso ciertas particularidades del sujeto, implicándolo en un hacer que va más allá de una decisión conciente y en donde pueden apreciarse deslizamientos de sentidos subjetivos en esa producción.  

 

Haciendo un rastreo de la etimología de los términos utilizados, podremos intentar ubicar las relaciones entre éstos y sus posibles sentidos para el Arteterapia.

El concepto de producto (del latín, productus, de pro hacia delante y ducere, llevar, conducir) habla de un impulsar hacia algo visualizado en un futuro, donde su finalización -producto- nos impulsa retroactivamente para conseguir su adquisición.

El concepto de proceso (del latín processus, de pro adelante y cessus, de cessum, pasado, llevado) refiere a que lo que uno lleva hacia delante es lo que trae desde un pasado, y que éste no concluye aún, sino que sigue siendo llevado adelante.

Objeto, del latín obietus, obiiecere (arrojar adelante). Este sentido se enlaza con el concepto de proceso, arrojar adelante, llevando lo pasado. Arrojar adelante también puede referir a la proyección, como arrojar fuera de sí, lo cual impulsa, con el objeto mediante, un movimiento hacia delante.

Sujeto, del latín subiectus (puesto debajo); de subiiecere (someter). ¿A qué se encuentra sometido? Su relación con el objeto le posibilitaría arrojar lo que lo somete afuera, llevándolo adelante en su liberación, sacando lo puesto por debajo, poniéndolo por encima...

El concepto de logro (del latín lucrari, adquisición, conquista), refiere a la posibilidad de conquistar algo que no se tiene, adquirirlo para sí. Lucha a través de la obra.

El concepto de obstáculo (del latin obstaculum, barrera, dificultad, estorbo, impedimento) sugiere que el proceso no es lineal: sufre diversidad de dificultades, barreras a ser atravesadas; mas la suposición de lograr algo con su superación, posibilita su continuación como proceso. Esa barrera es también un producto, con una historia de procesos que la constituyó como tal. (¿Qué otra opción habría?: ¿¿quedar atrapado en la barrera??)

Paciente, del latín patiens, patientis, de pati, padecer. Es un cierto registro del padecer el que motoriza su incesante búsqueda por lograr la superación del obstáculo, para lo cual será necesario llevar adelante un proceso con la ilusión de un resultado (producto).

Curar, del latín curare, poner atención, prevenir algo, sanar. Podemos pensar que poner la atención en un padecer, posibilita sanarlo, previniendo tanto un padecer mayor, como su continuidad.

Sanar, del latín sanare, curar, restablecerse. Sano (sanus, entero, fuerte, saludable). Si lo sano se define por su entereza y su fuerza en su salud, cabría preguntarse si el término opuesto -enfermedad- es fragmentación y debilidad, o si podría hallarse en ésta, otra entereza y fuerzas, que se hallan en franca lucha o conflicto. Y esa misma fragmentación conforma otra entereza... El sanar será algo de la índole del restablecimiento de una fuerza saludable.

Enfermedad, del lat. infirmitas; de in (negativo) y firmus (firme): que no está firme. La fortaleza fragmentada, débil.

Estereotipo, del gr stereós (sólido) y typos (figura); calco, reproducción. Si el estereotipo es como una figura “sólida”  que se repite a sí misma, la reproducción intentará calcar, copiando. Será un trabajo poder encontrar otras figuras que sean menos sólidas, que no calquen sino que puedan expresar lo original de cada cual.

Flexibilidad, del latín flexibilis, de flexio, flexión. Flexus, doblado. Los dobleces posibilitan acomodarse a los vericuetos que pegan los rodeos, -siendo éstos, aproxima-ciones posibles a lo significativo-.

Implícito, del latín implicitus; de implicare (enredar, envolver). Callado, envuelto. Lo callado tiene una voz inaudita, la cual se halla envuelta en las redes que la atrapan. Pero desde ese enredo, ejerce una callada fuerza.

Explícito, del latín explicitus; explicare (extender, desen-volver) Explicare de ex (fuera) y plicare (plegar). Despliegue por fuera de lo plegado, que permite extenderse, desenvolviendo lo enredado.

Tarea, del árabe tariha, obra, ocupación, trabajo, implica una ocupación cuyo trabajo propone un obrar y que podría concluir con una obra.

Encuadre (del latín quadrare, quadrus, ajustar, incluir, insertar, organizar) es lo que permite incluir, en este caso la dimensión simbólica -tanto del sujeto como del objeto-, dando un sentido y una organización a los contenidos. Sin encuadre, perderíamos el sentido (la dirección de una cura).

Materiales del latín materialis, elementos, utensilios, herramientas, instrumentos. Los materiales son esos elementos concretos que como excusa, nos permiten acceder a lo abstracto, a lo inmaterial. Es bien sabido que las herramientas son medios -instrumentos- con fines de los que se diferencian. Su estatuto de medios los ubica en un lugar privilegiado de acceso a fines. Instrumentos que a su vez tienen sus propias características y que favorecen ese acceso, mientras que otros favorecen otros accesos; son entonces, herramientas para ese surgimiento.
Ubicarse desde las cualidades de estos materiales será importante en la elección y utilización para acceder a ciertos fines, más que a otros.
Ubicar desde los fines los materiales que nos pueden facilitar ese acceso, permitirá que la utilización de estos no sea ingenua, que tenga un sentido.

El esquema de los ejes propone integrar los opuestos en el proceso con una dinámica dialéctica.

- El eje de la relación epistemológica (objetividad - subjetividad) implica tanto una definición del objeto del arteterapia como de sus sujetos. Esta definición, entendida como representación de su campo, existe tanto en el arteterapeuta como en el paciente (el imaginario en cada uno puede ser semejante o diferente, con las consecuencias que de ello puedan extraerse). Las acciones tienen tanto componentes “objetivos” como subjetivos donde cada uno de los sujetos conciben la “objetividad” desde su propia subjetividad.

- El eje de las relaciones con las tareas -acciones- (proceso - producto) implica una dimensión técnica de procedimientos. Estos haceres -acciones-, articulan objetos y sujetos para que pueda llevarse a cabo la tarea arteterapéutica: movimiento de procesos y de productos.

- El eje de la relación terapéutica -actores- (terapeuta - paciente) se refiere a la dimensión intersubjetiva: los suje-tos que intervienen en la acción terapéutica.
Co-construcción atravesada por la comunicación, los vínculos, la transferencia, la contratransferencia, etc.

- El eje de las relaciones problemáticas (obstáculos - logros) implicará pensar en sujetos que significan desde sí, simbolicamente, tanto los obstáculos como los logros, así como también las emociones, ideas y acciones de modifi-cación que cada cual emprendiera para lo problematizado. Este se encuentra siempre en un determinado contexto cultural, institucional,  social e histórico.

- El eje de las relaciones de las capacidades(aptitudes - actitudes). Las aptitudes suponen ciertas habilidades / des-trezas / competencias -donde se pone en juego la oposición cuantitativo - cualitativo-. Las actitudes, como los valores que sostienen un hacer en los mismos actos, expresan la forma del contacto entre las capacidades y los materiales. Sería importante pensar cómo participa el proceso de adquisición de las capacidades, o cómo se produce una transformación de éstas en un encuadre arteterapéutico (lo cual pertenece -aunque no con exclusividad-, en mayor medida a un encuadre de aprendizaje).

- El eje de las relaciones de la producción (acción - reflexión). La producción implica un doble movimiento, desde el hacer hacia la apropiación simbólica de ese hacer, desde las acciones hacia su posibilidad de reflexionar las condiciones en las que éstas surgen, se posibilitan, se significan, se ponen en juego. Esto implica una vuelta dialéctica desde la reflexión, en su volver a la acción con una apertura mayor. Asimismo, es interesante tomar la relación que se establece entre cada una de ellas: en el accionar, lo que sucede con el reflexionar; en la reflexión, las acciones que la posibilitan y las acciones en las que redunda.

Concluyendo, la relación entre estas variables es compleja, ya que los entrecruzamientos que entre ellas se producen en los diversos momentos hacen resignificar la particular visión que del conjunto se tenga. Es entonces cuando en el desarrollo de un eje de trabajo, aparece algo de la dimensión de otro eje que se pone en juego con mayor intensidad requiriendo su abordaje, cambiando el anterior eje de trabajo. Provoca esto un movimiento de procesos conflictivos -por tener cada uno de estos ejes distintas fuerzas, y diversidad de sentidos-, actualizándose en la relación terapéutica lo problemático. Las acciones y sus producciones velan o revelan esta dimensión conflictiva, denotando las concepciones de objeto y sujeto que las determinan.