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Si dijera el Invierno: “La Primavera está en mi corazón”, ¿creerías al Invierno?  Gibrán, K. 1994

La experiencia en el tiempo protagoniza la conciencia del transcurso en nuestra vida, organizándola. El pasado, el presente y el futuro son categorías -humanas-, casi más propias de la conciencia que de la física.
Aunque la irreversibilidad de ciertos devenires marquen claramente una distinción en aquél terceto, ciertos retornos no son posibles en el plano de lo real (aunque sí lo son en lo virtual). Claro está que no vivimos exclusivamente en lo real, ya que ¡lo virtual ejerce a veces una fuerza más poderosa sobre lo real, que lo real mismo!
Cuando hablamos de experiencia de la conciencia, lo inconciente, es copoductor de muchas vivencias del tiempo. Freud caracterizaba este último como atemporal y no regido por el principio de contradicción. Todos los tiempos encontrados allí, contradictoriamente. En sus multiformes organizaciones, tienen significaciones diversas, complejas, con ricos sentidos armando tramas, tramando historias.

Las causalidades que organizan nuestras acciones y comportamientos, pensamientos, emociones, en fin, casi todo lo que hacemos, tiene a la secuencia del tiempo (de los tiempos) como estructurantes. Es decir, si no tuviéramos ciertas secuencias, no podríamos prever acciones, anticipar posiciones, elaborar lo sucedido, ni atender movimientos o tendencias. Tampoco podríamos aprender de la experiencia aplicando la memoria y los procesos cognitivos que habilita su utilización. 

La memoria suele ser pensada como operación de almacenaje físico de las historias, en su virtual y virtuoso espacio subjetivo. Aquí se propone el trabajo de historización (hystós, urdimbre, tejido)-, en el interjuego presente de los desplazamientos, al unir puntos con una mirada de novedad que los enhebre. Constelaciones de significados que producen otras historias, espacializaciones del tiempo en sus trayectorias.

Nuestra conciencia puede proceder a desplazarse por los tiempos -con independencia del tiempo real marcado por los medidores de tiempo (reloj, calendario, etc.)-: en la captación de lógicas, en las percepciones de sentidos, en el razonamiento de causaciones y efectos, en las anticipaciones de los afectos y posiciones de los otros en el plano vincular.
Si bien estamos presos del tiempo objetivo en lo real, somos libres del tiempo en tanto creadores de espacios-tiempos subjetivos que crean condiciones o marcan territorios donde finalmente, ocurrimos, narramos, vivimos con lo propio y lo ajeno.

La muerte, ese real final del tiempo de juego (play), del arte de tocar el instrumento (play) del vivir, del a-mor, es la que funda retrospectivamente, todos los sentidos vitales. Adelantándonos a este final, cada paso cobra fuerza de lo vivo. Al modo de ese camino de cien leguas que comienza a nuestros pies (Lao Tsé), potencia de la mirada que se posa en el aquí, en el ahora, en el allí-y-entonces y en el proyecto, lo “a venir”, potenciamos ese porvenir que tramamos, que pro-vocamos, que visualizamos, convocándolo.

El presente trabajo se encuentra organizado en una arquitectura que aborda diversas ráfagas del tiempo, tanto medido como desmedido. Los alcances clínicos y creativos tienen a lo metafórico como común denominador.
El índice sugiere un recorrido de lectura que ubica secuencias, pero para guardar coherencia con la propuesta, éste podría ser realizado desde otras convocatorias.

En ese diálogo diferido en los relojes del autor con el lector, quisiera expresar mi más enraizado deseo; el de sugerir sendas a los propios impactos e ideas que del tiempo tuvieren, jugados éstos en la más intensa-extensa cotidianeidad del vivir laboral, profesional, vocacional, vincular, amoroso.

Este escrito toma la subjetividad en el tiempo, de una manera libre, vacante, pensante, intensa. Lo poético es a la vez de texto, pretexto para que el tiempo se deje abrazar.

No hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo.
* San Agustín (354-439)

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Propuesta

Este escrito propone esbozar ciertas líneas de sentido, para
(1) producir un pasaje subjetivo de una narrativa lineal anecdótica, a narrativas poéticas y,
(2) del tiempo secuenciado, al tiempo de la creación. Ese pasaje es planteado en pos de,
(3) abandonar la pregnancia de las cosas-objetos por sobre el sujeto para que éste, en tanto capacidad de obrar, devenga en su capacidad de transformación.

(1). Narrativas.
Ese pasaje de una narrativa anecdótica a una poética, no es sin una cualitativa transformación e implica un tránsito cuyo recorrido habrá que procurar, trazar, encontrar. Que sea subjetivo significa que la mirada está puesta en otros lugares que en la métrica precisa y objetiva de los acontecimientos-palabras o en la racionalidad de las lógicas que justificarían alguna secuencia intelectiva desprovista de palpitación.
Pasar del relato anecdótico -narratividad de tiempos de secuencias lineales de causas y efectos que se deducen y se desprenden unos de otros, que se explican y se prevén, que tienen el por qué clasificado, sin mostrar extensiones metafóricas-, a lo poético -tiempos que se muerden la cola, que anuncian su pasado, que se ríen de las causas, que les duele lo ajeno, que se emocionan con una rama entramada o se sintetizan en el movimiento de una palabra-, es un pasaje difícil, que se hace en un largo proceso y en un instante fecundo.
Lógica metafórica mediante, las contradicciones dejan de luchar por su hegemonía, los imposibles explican lo posible y el sentido de las cosas se significa en cada resignificación, en cada novedad, en cada vuelta a lo pasado, en las insospechadas insignificancias (un gesto, una sonrisa, una sugerencia, una palabra, una respiración), desde ese enorme poder de lo pequeño. Claro está que detrás de las dimensiones de un análisis, se enmarca un sujeto que las solicite. Sin embargo, lo que sucede no se deja captar, capturar y sobrepasa cualquier solicitud. Es la narración del cielo para el ave, cuyo derrotero no estudió.

¿Qué es narrativa? Realidad construida.
¿Qué es anécdota? Realidad cosificada.
¿Qué es poética? Realidad intensa.

Poética, cuya raíz etimológica remite a hacer, construir, (kwei-), deviene en la poiesis, creación, poesía, producción de significaciones.

La anécdota secuencia sus tiempos, sus causas y efectos en pos de la garantía de un saber sobre lo advenido, en pos de un hipotético control sobre lo a advenir.
Lo poético se lanza a la intensidad de la presencia.
Pasaje subjetivo donde la racionalidad es puro instrumento, no fin... y no hay instrumento sin instrumentista emocionado.

La poética y la metáfora, las nuevas narrativas como productoras de sentidos, habilitan nuevas subjetividades en pos de la potenciación de la singularidad.

P.Virno pregunta ¿Qué es lo singular que hace singularidad?


(2). Tiempos de creación.

Si se tratara de tiempos de un pasaje puramente objetivo, lo relevante serían las condiciones del estado de inicio y el resultado logrado luego del pasaje, hasta un determinado estado final. Gran anhelo positivista, el de tener un lugar prescrito donde llegar, se aquietan las ansiedades (y los ánimos) pero... se pierden así las referencias subjetivas del viaje de cada uno. Es decir, los tiempos de recorrido son tan singulares como los modos de tránsito: hay quienes gustan de las carretas, otros del avión; no todos vienen del mismo lugar ni van a un mismo lugar. La recuperación de lo original de cada cual, de su más singular subjetividad (cosa por cierto universalizable), es la apuesta a la riqueza del intercambio subjetivo. Ni uniformados ni alienados: protagonistas juntos con los otros, por una vida más auténtica.
Del tiempo quieto del estancamiento, todos sabemos demasiado.

Tiempo como concepción de sucesos lineales, extensos, previstos, previsibles, previsores, o
tiempos intensos de procesos y cambios (junturas de tiempo, vacío y espacio), con otras tramas de lógicas; tiempos como urdimbre, como mirada que se demora entrando o huyendo veloz de los espacios que mira.
Tiempos de escape o de morada: la espacialización subjetiva del tiempo, abre metafóricamente, poder oír en la mirada (lo visual) y poder ver en el transcurso del devenir (lo auditivo).
Canales perceptuales que responden a lógicas de lo creativo, de lo creador; tiempos que susurrantes se anuncian, o tiempos pretéritos que insisten para constituirse nuevamente en protagonistas. A veces, hasta se producen luchas de tiempos por ganar un espacio en la psique, convocados éstos por extrañas fuerzas de causas y efectos.

¿Qué es tiempo de la creación? Tiempo espacializado, donde los recorridos que con él hagamos nos toma por sorpresa, irrumpe en lo no esperado y produce sentidos que dejan atrás lo que tenemos por delante (es decir, “nos dan vuelta”). Tiempo de la creación es un tiempo desconocido, lleno de vacío, de posibilidad, de huecos, de úteros dispuestos a alojar lo que allí se disponga a crecer. Tiempo de dimensiones que -cual objeto escultórico- permite diversidad de miradas, de escuchas, de recorridos. Donde el principio es ahí donde uno se encuentre posado para jugar en los pliegues de ese tiempo, haciendo rodar el futuro en su diálogo con el pasado, mediados por ese árbitro presente que si se encuentra angustiado por el retorno de lo no deseado o preocupado por la sorpresa de lo que fuera a pasar, tiene una mirada excluyente: hacia atrás o hacia adelante. En tanto ese presente tome sin retener lo que allí se le presentifica, su mirada puede ser doble (pasado y futuro) o triple: su propio ente se encuentra en ese interjuego. Sin ansiedad ni con melancolía, sin apuros ni demoras.

(3). El sujeto y lo otro.

En los ordenamientos y claves dadas por la sociedad de consumo y su modelización en la subjetividad, se tratará con esta propuesta de no quedar atrapado en una lógica binaria Sujeto-Objeto, intentando visualizar otras relaciones posibles entre ellos. Ese pasaje debiera tener un primer movimiento subjetivante de “tomar” al objeto para que, luego, desde la poética, haga jugar a sujeto y objeto en nuevos encuentros, más allá de la polaridad. Este juego creador, incomoda lo suficiente como para realizar un tránsito de cierto (o incierto) estado de fijeza, a un estado de relación en el cual, el interjuego entre estado de cosas y de seres, produzca encuentro.

¿Por qué todo este pasaje? Nuestra vida social produce subjetividades que hoy en día se encuentran entramadas y entrampadas por la supremacía del tener por sobre la del ser y la del hacer por tener, por sobre la del estar.
El ser del sujeto sometido al tener (subjeectus refiere a “puesto por debajo”) se entretiene con las cosas y con ellas, su propia llegada es intermitente, con flujos entrecortados. Con los oídos apretados en la conciliación de lo exterior y lo interno, lo singular se filtra en susurros.

¿Cómo llenar de significados auténticos, nuevamente, la educación, los procesos de transformación social y subjetivas?
¿Para qué? Para que en lo esperanzador de una travesía subjetiva que tenga como fin su llegada al comienzo mismo -a su ser-, los contenidos de su hacer lo revele y su tener le dé formas, ser-hacer-tener en devenir, en estado de compromiso responsable y en la verdad de las implicaciones vinculares.

¿Cómo hacer este pasaje? Pasaje de lo narrativo a lo poético en el pensar (del saber acumulado de las ideas a los ríos del pensar) en el sentir (del cuerpo-imagen físico al cuerpo simbólico y sensible) en el hacer (en los vínculos con las cosas-objetos y con los otros). Pasaje para que el hacer se reoriente desde la imperiosidad del tener al imperio del ser, para que el tener se descapture del objeto y sea instrumento (medio) del ser, para que el ser no se espeje en las cosas y las acciones, sino que se refleje en sus producciones.

El hacer creador no está aquí planteado como producción científica o artística, máximos exponentes de la fuerza vital que administra nuestra vida. Es el hacer, en tanto ejercicio de la generación de sentidos, de significaciones, de relaciones, de producciones que nos confirman nuestra condición de vivos, de transitantes del mundo que nos acoge.
No es el mero hacer mecánico que se extiende en la secuencia cronológica, sino el hacer intenso que solicita nuestro ser presentes en y con sus consecuencias lógicas: estar en sí, estar con el otro, estar en el mundo, estar aquí.

Hacer (obrar) es tanto para tener como para ser. Estar por sobre el objeto significa poder desearlo, producirlo, crearlo, transformarlo, consumirlo, reproducirlo, en vez de que sea éste, el objeto -al modo de cómo Baudrillard refiere a aquél, con sus estrategias fatales- que capture al sujeto, lo reproduzca, lo consuma, lo deforme.

No hay subjetivamente incorporación de objetos reales sin sus dimensiones simbólicas. El pan y el agua, la carne, las sustancias, la sangre. No hay objetos sin sujetos para los sujetos, entonces, se tratará de abandonar la pregnancia de uno sobre otro, para impregnarse de lo otro en uno sin perder lo original, el origen.
Allí el trabajo con el arte propone una virtuosa apropiación subjetiva destramando las trampas de sometimiento, a través del trabajo de apoderamiento de los sujetos con los objetos, para no quedar apresado por éstos. Subjetividad poética, musical, dramática, danzada, escultórica, pictórica.

Y lo creador, como transformador, como acto que sobreviene a la forma, trascendiéndola, integrándola, destruyéndola, ingiriéndosela, tiene su fuerza en el sentido de su contenido.
Hacer es, entonces, llevar a una consecuencia, la fuerza del contenido por cobrar alguna forma en la que pueda expresarse, liberarse de lo que la apresa en su no manifestación.
Allí ya se torna creador y por tanto, autopoiético. La autorregulación supone complejas articulaciones que van delineando el camino a tomar, abandonando sendas impropias y procurando en su fuerza, el fin de su sentido. Nuestra conciencia pareciera saber tanto de eso como el itinerario que pudiera saber un niño de pecho a quien llevaran de viaje.
Cuando el hacer creador toma la materia de lo artístico, su espíritu se reencuentra con la energía que le da su potencia; copulan en el arte, forma y contenido, espíritu y materia, la cosa y el símbolo, el tiempo y el espacio, lo femenino y lo masculino, el nacimiento y la muerte, nosotros mismos y los otros, en su diferencia. El hacer creador es a la vez -en su esencia y en su existencia-, poético.

Concluyendo:

Entonces, la propuesta de pasar subjetivamente de una narrativa en forma de anécdota a una poética, del tiempo secuenciado al tiempo de la creación, abandonando la pregnancia del objeto por sobre el sujeto, es una esperanzada, difícil e interminable tarea, un proyecto de producción subjetivante. Ésta no lo es sin el otro, sin los otros, por lo tanto, conlleva una propuesta social que intenta dar (otras) respuestas a lo instalado en la producción de discursos que generan subjetividad. Y poder realizar un camino de conversión (metanoia), asiendo instrumentos que permitan distinguir lo importante de lo accesorio, lo urgente de aquello emergente, lo deseado de lo debido, lo temido de lo evitado. Todo esto, para poder realizar, en otras versiones (y ¿por qué no? diversiones), con la mayor plenitud que las posibilidades y restricciones del vivir, nos ofrecen en el espacio intersubjetivo.

Conozco todos los rostros, porque los veo a través de la urdimbre que mis ojos van tejiendo y miro la realidad que está detrás del tejido. Gibrán, K. 1994