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Fragmentos de este trabajo fueron presentados en la revista Ignota nº 4 (2000) y editados en la publicación -traducido al portugués- Arte Terapia, Coleçāo Imagens da Transformaçāo, N°10, 2003. Edit. Pomar, Rio de Janeiro, Brasil.

“No se trata de renunciar a un punto de vista en favor de otro, que sería el único y absoluto, sino de considerar la multiplicidad de posibles puntos de vista.” Derrida, en La arquitectura como metáfora.

Entendemos lo grupal como un campo problemático de producciones subjetivas, donde la presencia del otro es fundante y posibilitadora de la existencia del grupo. Se dan en éste una complejidad de redes vinculares que determinan los procesos de su producción. Ésta -sea cual fuere (ilusiones, proyectos, tareas, objetos), es fundamento del grupo- y a pesar de que puede cobrar diversas formas, sólo puede sostenerse con un proyecto de grupalidad de cada miembro. Aquí se juegan las diferencias, cuya implicación refiere a la necesariedad de la participación subjetiva -con lo conflictivo que de ésto resulta- en la producción grupal: la intersubjetividad.
En la flexibilidad de la dinámica, en la inclusión en el trabajo grupal de su propia dimensión vincular, se posibilita el proyecto - la tarea, en un trabajo de integración de la producción con quienes la producen.
En el encuentro de lo propio y de lo del otro, se da una cierta “química” de transformación, donde cada cual puede modificar y ser modificado. Esta posibilidad se da tanto por el trabajo con el material, como por la acción (tarea) y por ese interjuego -co-construcción de un espacio simbólico con el otro, con los otros-, con el soporte de la actividad a través del arte.

La propuesta del trabajo creativo y lúdico en los grupos se va modelando en tiempo real desde lo analógico. Poderes de encuentro desde el contacto emocional, la comunicación no produce malentendidos ni desfasajes; continuamente se están produciendo cosas nuevas y si -dentro del encuadre- aparece algo disruptivo, es tomado o dejado, transformándolo.
Tomemos como ejemplo paradigmático un trabajo expresivo dramático, donde espontáneamente se organizan escenas condensadas de significado, síntesis poderosas en las que la ambigüedad sugiere multiplicidad de lecturas.

Un  trabajo (no verbal) con elásticos, promueve jugar el quedar por fuera, por dentro, convocar y provocar al otro, llamar y hacerse llamar, elastizarse hasta un punto: justo antes de que se rompa (¿el elástico o la vinculación?)...
 
Desde el lenguaje verbal -donde las diferencias deberían de ser tratadas desde el entendimiento-, se producirían continuamente desfasajes los cuales necesitarían una “corrección” o ajustes para confirmar que el otro entiende lo mismo que lo producido por cada cual. Es decir, en el despliegue en tiempo real de los discursos sonoros, de las escenas, los gestos, etc., la diversidad de miradas encuentra en los lenguajes artísticos una síntesis mayor que en el verbal, el cual requiere mucho más tiempo, elaboración y análisis. No se hace necesario un “co-rregir” para confirmar que el otro entienda lo mismo porque aquello es co-construido con el otro, ambos producen lo que allí sucede. Cuando se comparten las experiencias de los subgrupos con representaciones -palabras-, se denota que cada cual había entendido otra cosa. Sin embargo, cuando era pura “presentación” no habían dudas, preguntas, malentendidos… esa producción compartida aloja en el aquí-ahora de la creación, múltiples entendimientos heterogéneos. En la verbalización vuelve a crearse (recrearse) otra instancia que no mata a la primera, sino que la utiliza de excusa (pre-texto) para seguir creando. Al ponerle palabras, narrando, se “definen” las posiciones de cada uno, los fines de cada cual y se acota lo producido (ya que éste era mucho más que lo verbalizado) ¿o se produce una otra cosa?

Entender es poder verbalizar cosas, implica un armado de redes categoriales. Galaxias de significantes, donde el reticular permite significar, según U.Eco.
 
El arte ofrece reticulados cuyos puentes pueden conducir a verbalizaciones (entendimientos) de cuestiones que a simple vista no aparecen unidas (virtud de los puentes).

Continuando con el ejemplo de los objetos-elásticos y en una posterior improvisación de escenas teatrales, aquéllos parecen insistir y seguir presentes, produciendo movimientos entre los integrantes que sugieren lo que el elástico proponía: acercamientos, estiramientos, alejamientos graduales, giros, velocidades, escuchas etc. Su sombra temporal mueve los cuerpos. Es como si el objeto se hubiera adueñado finalmente, subrepticiamente, de las decisiones del sujeto (la estrategia banal del sujeto es suponerse dueño de desear y disponer del objeto -Baudrillard-).

 

Podemos ubicar diferentes problemáticas que atraviesan el espacio de lo grupal, configurándolo:

Intersección de haceres, cruce de conflictos y de deseos.  El despliegue de la producción, solicita el movimiento expresivo-emocional de uno y del otro. Si el otro se trepa sobre mi línea, tapando un trazo en un mural, o toca más fuerte su instrumento, o toma un lugar central en una improvisación en una escena, mi lugar imaginario sufre un desafío, mi ubicación fantasmática en el grupo me solicita un accionar. Así también, si el otro produce algo que convoca mi deseo, poner en juego esa atracción me hará producir un nuevo espacio de encuentro o desencuentro con aquél.

Tiempos de apropiación del material.  Cada material posee ciertas características que se oponen al manejo del tiempo puramente subjetivo... y cada uno posee asimismo distintos tiempos de espera o de desesperación frente a aquéllas. También, en cuanto a los inicios y los cierres de las actividades, nos encontramos con diferencias que deben “confluir” en un encuadre -esto es, las constantes de tiempo y espacios-, para que el proceso sea facilitado por la tarea de la coordinación.

Lecturas sobre el proceso de producción y su resultado.  La multiplicidad de las miradas que otorgan sentidos a aquella producción y su surgimiento están determinadas por el campo de lo posible en el dispositivo grupal, donde el juego de las legalidades, de lo permitido y de la transgresión solicitan o callan los decires. Aún así, “cada cual aprende su juego” y se juega en lecturas que -llenas de sentido singular-, conmocionan esa legalidad, dando movimiento a la producción (entendida tanto como proceso como resultado), abriendo así territorios de confronte con otras miradas: riqueza de la diversidad, posibilidad de ampliación de los horizontes perceptuales.

Demandas – deseos que circulan entre los integrantes. Utilizaré una metáfora espacial para esta circulación. Si lo grupal fuera una superficie (ésta tendría rugosidades, no sería lisa), el movimiento posible sería el de proximidad, desde un punto al de al lado, sin poder saltear un punto. Si lo pensáramos como un espacio -con tres dimensiones-, podríamos recorrer distintos intersticios donde se filtren anhelos, temores, deseos y demás complicaciones. La profundidad espesa volúmenes, densidades, ofrece resistencias. Si le supusiéramos una cuarta dimensión, -la del tiempo-, la circulación transferencial entre los integrantes, los enlazaría en complejas tramas rítmicas de deseos-afectos-ideas-haceres, que no cesarían de quedarse inquietas ante la im-posibilidad de detenerlas. Las proximidades en este nivel son más cercanas a los sitios virtuales; tiempos y espacios remotos en el tiempo y espacio que se funden en una conexión, que difunden y demandan, que desean y que ofrecen.

Relación con el coordinador, sus tiempos, sus lecturas.  La asimetría posibilita una diferencia que impulsa el movimiento. El “satisfacer” al coordinador en cuanto a la acción desde la consigna, obtura la producción, ya que equivoca el sentido de su presencia: él/ella está allí por y para algo. Y tanto desde los integrantes como desde el coordinador, olvidar estos sentidos convoca a una ruptura con el propósito – proyecto – tarea del grupo. Si el coordinador coordina, debería encontrar los distintos órdenes que se dan en el grupo, atendiendo a sus tiempos, sus demandas, sus conflictos, etc. Transferencialmente, el lugar del coordinador está lleno de ligaduras. ¿Cómo se relacionan estas ligaduras entre sí? Algunas enlazan uniendo, otras atan, separando.

El espacio grupal, en una acción expresiva, como un espacio dramático, sugiere ver distintos interjuegos;...el que reclama, el que brinda, el que puede, el que se queja, etc. Niveles de transferencia recíproca que dinamizan la dramática.
Como la acción expresiva implica lo emocional en un hacer -en el devenir del ir siendo-, pensar en lo dramático ofrece una trama, una historia, una narración, en el despliegue de una escena. Y como toda escena, hay un todo que es más que la suma de las partes; su libreto se lee en el tiempo real del devenir, en una escritura ilegible.

Los distintos saberes de los integrantes, que ubican un cierto “status” por el conocimiento o el manejo del material – lenguaje artístico. Qué uso de esos saberes, qué relación genera su circulación o su restricción, qué facilitan y qué se valora, son preguntas que apuntan a ubicar la articulación de un saber qué y cómo material, a un otro saber (no sabido), convocado por el encuadre arteterapéutico.

 

En la formación del coordinador de grupos, se propone diferenciarlo que pasa, deloque le pasacon lo que pasa. Para el aprendizaje del juego de la diversidad, de la complejidad, el dar respuestas desde afuera, con-forma de recetario, puede obturar el propio proceso de construcción del lugar de coordinador. Es ahí donde el abrir preguntas propone escabullirse de la vía principal y entornar puertas que posibiliten otros accesos, donde no se juegue la supuesta verdad de un saber desde un solo lado.

Así, para el inicio del aprendizaje de esta multiplicidad, se disponen un grupo de objetos cotidianos puestos aleatoriamente en el centro del salón, con la consigna que anoten describiendo lo que ven. En el grupo, las descripciones de unos y de otros sobre estos objetos -aunque no tengan nada que ver-, pueden asociarse permitiendo así nuevas miradas de aquellos (por las diferentes captaciones de los sujetos): nominaciones, relaciones entre las partes, puntos de vista, ubicación de diferentes órdenes de las secuencias temporales, de los tamaños, de las importancias. Notable enriquecimiento cuando lo mirado es una construcción grupal, un objeto escultórico, un mural, una escena, un poema, una música, etc.
Las metaforizaciones en arteterapia habilitan pensar la complejidad de lo grupal como lazos y desde ahí jugamos todos a enlazarnos con hilos, sogas. Surgen conceptualizaciones espontáneas, leídas en el cuerpo de la metáfora, que producen sentidos en la trama construída, sean los planos de lectura que de ella pueden hacerse, los volúmenes formados entre las líneas, la dinámica de las tensiones y puntas que unen o no a cada uno respecto del otro, el juego de lo creativo en el desplazamiento por el tiempo y el espacio manteniendo la estructura móvil, cómo se producen las retiradas, el juego de ausencia-presencia, etc.

El sentido del coordinador en el grupo se halla en coordinar lo activo y lo pasivo en la producción, donde los diversos órdenes pujan por ser los promotores de aquélla.
Encontramos muy rico el trabajo sobre situaciones conflictivas grupales desde el arteterapia, las que suelen emparentarse con distintas escenas temidas del coordinador de grupo. Cómo motivar, caldear, inducir una propuesta, o cómo tomar los emergentes que aparecen (¿ante los ojos de quién?); qué lectura hacer sobre lo que transcurre, cómo abordar las problemáticas que pudieran aparecer en el hacer o cómo encuadrar el momento del compartir las vivencias, de la reflexión, son temáticas altamente cargadas de expectativas, temores, ansiedades y fantasías en ese momento del aprendizaje del rol.
Los distintos encuadres del arteterapia hacen jugar multiplicidad de despliegues de coordinación: las prescripciones institucionales de su función, las cuestiones éticas, las disponibilidades materiales, las demandas de la población específica, etc.
También podemos encontrar diferentes concepciones entre los integrantes del grupo acerca de la dinámica, propósitos, objetivos del hacer, etc., las cuales producen variables que son fundamentales de incluir, ya que si uno de ellos supusiera que su presencia allí fuera por el mero divertimento, otro para hacer catarsis de sus estados emocionales y un tercero para elaborar en profundidad su conflictiva, el interjuego de voces podría resultar en un coro muy armónico o muy desafinado…
¿Cómo resulta el trabajo con las diversidades en las intervenciones de los integrantes?
El tiempo de los integrantes es muy otro que aquél del coordinador; en el trabajo creativo, cada cual está inmerso en su producción; en cambio la mirada elaborativa solicita otros procesamientos.
Estar en un grupo no es una mera numeración de subjetividades. Ahí se exponen modalidades de producción, de vinculación, de relación que implican al otro y a uno en una complejidad irreductible. Esta solicitud de presencia propone la exposición de los integrantes, que a veces es vivida como una imposición (solicitada por los otros) pero que también puede entenderse como una fantasía de imponer lo propio, donde quien se expone supone que se impone. Temores a decir, a mostrar; posturas e imposturas que enlazan a los otros. La oportunidad, es ocupar una posición.

Uno es una virtual pieza en una maquinaria simbólica de la cual no conoce su funcionamiento y éste es parte de un sistema de maquinarias cuya organización nos es insospechada. Las tramas que engarzan lo singular, la subjetividad, lo grupal, lo institucional y lo social tienen recorridos y reveses que tienden a incluir en sí mismas aquello que se sale de su lógica, naturalizando tanto lo que no debe cuestionarse como las transgresiones, excluyendo lo que conviene al sistema para su autoperpetuación. Las instituciones tienen el paradójico juego de haberse constituido por la necesidad de introducir novedades y la de preservarse, destituyendo aquello que la hace tambalear en sus certezas y controles instituidos.
Esta máquina no mecánica además, podríamos pensarla como una hipotética maquinaria temporal que pauta secuencias, tiempos, regulaciones, planes, velocidades, ordenando los controles para la eficacia de su naturaleza. Lejos de la desesperanza que trajera el determinismo, lo que es pasible de hacer es estar lo mas entero posible, integrando pensamiento, ideas, acciones y emociones en los vínculos que dan sentido a nuestro funcionar en el mundo, produciendo otros lugares subjetivos, en vez de perpetuar la reproducción del posicionamiento de las modalidades de intercambio en los ámbitos de nuestro vivir (desde el laboral, profesional, educacional, hasta el emocional y afectivo).

El grupo es un cuerpo (y el cuerpo es un grupo); metáfora de tejidos, órganos, aparatos, funciones, sistemas, circulaciones, sensibilidades, secreciones, crecimientos, maduraciones, muertes.
En la piel del cuerpo del grupo, ¿cuáles son los reveses de las cosas, de los objetos, de los sujetos, de las interacciones? Aplicando las preposiciones se nos multiplica el entendimiento, abriendo los pliegues de las posiciones de los implicados:

Uno a Otro.
Uno ante Otro.
Uno con el Otro.
Uno contra el Otro.
Uno de Otro.
Uno desde Otro.
Uno en Otro.
Uno entre Otros.
Uno frente a Otro.
Uno hacia el Otro.
Uno hasta el Otro.
Uno para el Otro.
Uno por el Otro.
Uno sin el Otro.
Uno sobre el Otro.
Uno tras el Otro.