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Estas conceptualizaciones han ido tomando forma a partir de cursos para docentes con la dinámica de Seminario-Taller. Es decir, que la teorización aquí propuesta es una forma de entender la praxis, ésta surgida de una experiencia reflexiva y de taller.
Hay ciertos temas que insisten en las producciones que, a modo de comunes denominadores, dan nombre a aquellos rasgos percibidos como más importantes.
Entre ellos podemos decir:

* La determinación singular socio-histórica de la subjetividad. Determinaciones tanto subjetivas como sociales de las representaciones del rol docente.

* El estrés, entendido como sobrecarga emocional que no resulta tramitada psicologicamente. La importancia de la elaboración subjetiva, como herramienta para evitar males mayores: es aquí donde el poder pensar lo problemático con un otro, ofrece una vía de salida a quedar aplastado por la sobrecarga. Elaboración de modalidades y hábitos que generan estrés; marcos cognitivos – creencias, que lo sostienen.

* La carga emocional subjetiva (metaforicamente, la mochila). Esta refiere a la capacidad de cada sujeto de sostener-cargar/descargar- ciertas problemáticas, la manera de sostenerlas y las elaboraciones que de ellas puede hacer.
a. Como si de una mochila se tratara, por un lado, su capacidad en términos de volumen,
b. por otro lado, su capacidad en términos de peso que puede llevar y
c. en tercer lugar, la posibilidad del sujeto de arreglarse o no con esa mochila. Capacidad que posee un límite, más allá del cual existirían riesgos. Pasado este límite, aparecería el estrés, como vuelta de aquello que no pudo ser elaborado. Freud decía que se pone en acto lo que no puede ponerse en palabras. La apuesta a la elaboración psíquica versus el estrés (donde la apatía, los malestares psico-físicos, etc. denuncian así la falta de elaboración de aquello que los ocasiona) posibilita la reubicación de un lugar posible para las acciones y para las reflexiones.

* La toma de conciencia y de responsabilidad en cuanto a los límites: El cuerpo no es una máquina, tiene una cierta capacidad, requiere de alimentos y descanso. Exigirle a una máquina rendimiento constante y encima no cuidarla, convoca a su mediato colapso. El cuerpo, habitado por el estrés. Asimismo, psicologicamente se hace necesario conocer con cuáles cosas uno puede y con cuáles no.

* Los malestaresy los bienestares como formas de los estares. Aceptar lo que “es”, en vez de luchar para obligarse ser lo que “debería ser”. Aceptación que implica una escucha, una comprensión de lo que es, a través de los llamados sutiles del cuerpo, de las emociones, de los pensamientos, de las acciones. El prejuicio, como juicio previo, no es justo. Un buen juez, intenta comprender cada parte en juego para poder hacer justicia. Y ésta, conducir a la libertad.

* Los llamados del cuerpo, indicadores de nuestra capacidad y disponibilidad para enfrentarnos con el mundo. En cuanto al alimento (material y simbólico) de ese cuerpo, uno podrá pensar qué le da de comer, de qué manera, cómo es el registro del hambre, cómo se lo digiere (¿o se lo traga?), etc. Retomando la metáfora de la mochila: ¡qué bueno es sacársela para ir a dormir, para tomar un baño, un respiro! Pero si ésta ya está pegada a la espalda, se hace difícil diferenciarla del cuerpo. Tuvo seguramente una historia de ir “pegándose” a la piel... no fué de un momento a otro, ni magicamente. Es aquí donde los llamados, vendrían a avisarnos de los intentos de la mochila de prenderse al cuerpo.

* La diferenciación de la culpa de la responsabilidad. He aquí la dimensión de promoción de salud, a partir de la subjetividad, desde el propio punto de implicación: protagonismo y responsabilidad, versus culpa. Implicarse, permite un despliegue activo de las propias fuerzas, con sus límites. Quedar implicado supone un estar donde el acto, la decisión, proviene de afuera y el sujeto se pasiviza.

* La culpa aparece relacionada a la omnipotencia, par opuesto de la impotencia. La propuesta del recorrido del seminario-taller es el recupero de la potencia. Tanto uno como otro polo de estos opuestos, inmovilizan al sujeto. Ubicar el tema del poder -su uso o abuso-, el lugar para las demandas, posibilita diferenciar la autoridad del autoritarismo.

* La dialéctica, como forma de aproximación a las dimensiones de lo conflictivo, cuyos opuestos no queden en extremos antagónicos e irresolubles, sino que puedan dinamizarse, pudiendo tomar contacto con aquél -su opuesto-. Es por lo tanto, una mirada integradora de los opuestos. Diferencia entre Problemas y Dilemas: naturaleza de las formas de ver lo conflictivo, lo cual define las acciones posibles. En el dilema, los antagonismos se repelen con la misma fuerza con la que se atraen, quedando así inmovilizados, paralizados en un estereotipo. Lo bueno y lo malo quedan ilusoriamente distanciados, evitando así su contacto mutuo y alejando así su posibilidad de resolución. Problematización, versus queja. Sujeto del aprendizaje y Objeto del aprendizaje;  Proceso y Producto; Enseñanza y Aprendizaje; Forma y Contenido; Análisis y Síntesis. El análisis y la síntesis de las historias conflictivas aparecen como dos movimientos que -articulados-, expanden los límites de la comprensión.
 
* La necesariedad del otro -colega, padre, amigos, familiares-, como un poder que -compartido- puede hacer mejor frente a su práctica laboral y a su disposición frente a las problemáticas.

* La soledad del docente en los distintos espacios y su relación con la sensación de agobio. La alternativa que aparece es la de la solidaridad, a partir del encuentro y comunicación con los otros. Los vínculos como sostén – contención.

* Los múltiples roles que sobredeterminan la práctica de la docencia en la mujer: docente - madre - cuidadora - mujer - esposa - hija - trabajadora, etc. Continuando con la metáfora de la mochila, sería tener la mochila cargada en un determinado espacio-tiempo (familia, por ej.) con elementos pertenecientes a otro espacio-tiempo (la escuela, por ej.).

* La comunicación, como vía de apertura al encuentro con los otros. Formas del decir verbales y no verbales que transparentan las emociones, que trasvasan los contenidos, donde el impacto emocional atrapa especularmente a los integrantes en los misteriosos intercambios comunicacionales. Lo dialógico en sus diversas formas.

* La coordinación, entendida como poder compartido, como potencial y no como cohersión. Co-ordinación, como interjuego de diversos órdenes. Lo vincular. La dinámica de lo grupal. La didáctica de emergentes.

* La promoción de salud, como espacio a desarrollar, como lugar de reencuentro con lo propio y lo del otro, como apropiación y recupero de energías de acción. Y cuidarse, como forma de cuidar al otro. El apoyo en la salud, para elaborar su polo opuesto -la enfermedad-. Y la concepción en juego: la flexibilidad versus la rígidez.

* La creatividad como tránsito de lo expresivo saludable, opuesto a lo opresivo de la enfermedad. La dinámica de taller como favorecedora del aprendizaje. Jugar con los contenidos de la mochila, intercambiando las piezas y creando nuevos objetos con sus partes. Las lógicas de lo creativo, como formas de resolución de problemas.

En conclusión, a partir de las evaluaciones de los docentes (las cuales han sido muy expresivas, sentidas desde su propia subjetividad), cobró especial significación la tríada sentir-pensar-hacer y su dimensión de integración - desintegración, relacionadas éstas con la promoción de salud, como alternativa al estrés. La responsabilidad del cuidado de lo propio, tanto de las emociones, como del cuerpo, como de los pensamientos. Por otro lado, resultó muy significativo el desafío a la soledad del docente, dado por los encuentros con los otros, por la instancia grupal y la multiplicidad que este encuentro propicia.